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Marató Pirineu

Y por fin llegó el 20 de septiembre de 2014… Esa fecha marcada con rojo en el calendario desde hacía  muchos meses. La fecha de la Marató Pirineu, mi carrera más dura hasta el momento: 42 km +2700 m.  Volvemos a Catalunya, volvemos al Cadí-Moixeró, esta vez para la cita definitiva. Mi tercera maratón de montaña este año, un año especialmente duro debido a la lesión tan complicada que había arrastrado en los últimos 4 meses. Pero después de un mes de agosto entrenando a tope y sin apenas molestias, gracias a las zapatillas Hoka que literalmente han sido mi salvación, tenía esperanzas de por fin poder correr y disfrutar de la carrera como yo había planeado. Y así fue, de hecho fue aún mejor, superando mis propias expectativas…

Esta carrera ha significado muchas cosas para mí. En el aspecto deportivo, ha sido sin duda la carrera más dura y exigente a la que me he enfrentado y también mi mejor carrera, tanto en resultado como en sensaciones: encontrándome fuerte de principio a fin, muy concentrada y sin altibajos, disfrutando y memorizando cada segundo de carrera, cada paso, cada paisaje, gestionando el agua, la comida y el esfuerzo mejor que nunca, viendo cómo avanzaba posiciones sin apenas poder creerlo… Pero sobre todo, esta carrera me ha llenado plenamente en el aspecto psicológico, porque ha significado el adiós definitivo a esa lesión que literalmente me atormentaba desde abril, sin poder salir a correr durante mucho tiempo y sufriendo muchos dolores con los huesos de los pies lastimados. Todo eso se acabó, en Marató Pirineu me he tomado por fin la revancha a tantos momentos de dolor, rabia y frustración. Por fin, se acabó.

A las 9:00 de la mañana llegaba sola a Bagà, David y Leire habían tomado la salida en la Ultra Pirineu a las 7:00 y Eneko les iba a hacer la asistencia. Así que yo me encontraba “sola ante el peligro”. No por mucho tiempo, en el stand de Salomon de la zona de salida me encontré con Jesús Beaumonte, que me hizo compañía y me ayudó a pasar los nervios previos. También estaba por allí Pep, el representante de Hoka, así que entre bromas y algún vacile que me hicieron, se me hizo más amena la espera.

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Los momentos previos a la salida ya en el corralito fueron los más intensos, a mi alrededor todo el mundo se deseaba suerte y yo solo podía cerrar los ojos, visualizar la carrera y repetir mentalmente mi mantra para calmar la ansiedad: “Soy corredora, puedo hacerlo, mente positiva, actitud de lucha”. Una y otra vez, una y otra vez… En la plaza retumba la voz de Depa, suena la música, 30 segundos para la salida, por fin la cuenta atrás, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… ¡Allá vamos!

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Y entonces, como siempre, los nervios se esfuman y solo me concentro en lo que tendré que hacer durante las próximas horas: correr, respirar, beber, comer… mirar a mi alrededor y disfrutar…

Los primeros 20 km de carrera son sin duda los más duros, 1800 m de ascensión desde Bagá hasta el Refugi de Niu de L’Aliga a 2520 m de altura, casi sin tregua. Subidas fuertes donde caminar y bastonear, en las que pronto encuentro un ritmo cómodo y constante, y algunas (pocas) zonas más tendidas y falsos llanos donde trotar.

Solo llevaba 4 geles en la mochila: 2 geles de cafeína para tomar antes de las 2 subidas más fuertes de la carrera y 2 geles normales para alternarlos con estos. En los bidones, 1/2 litro de agua y 1/2 litro de isotónico, que recargaría en cada avituallamiento (bebí unos 6 litros de líquido en total), donde tomaría además algo de comida sólida (fruta y frutos secos). Debo decir que ha sido la vez que más y mejor he planificado la comida/bebida, gracias a los vídeos de Juan María Jiménez y creo que esta fue una de las causas de encontrarme tan fuerte y sin altibajos de energía en ningún momento.

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Llego al primer avituallamiento en el Refugi de Rebost (km 8) en 1:35. Recargo bidones, como algo sólido y continuo sin parar apenas. Me encuentro a tope y me anima ver que estoy haciendo bastantes adelantamientos en la subida. Además es emocionante reconocer muchos de los lugares por los que estuvimos caminando este verano durante nuestras vacaciones, estos caminos me traen muchos y muy bonitos recuerdos.

Segundo avituallamiento: Coll de Pal (km 14) a 2060 m de altura. Sigo fuerte, adelantando gente, aunque tengo que parar para ponerme un parche en el pie derecho porque me está saliendo una ampolla. Aquí toca cargar energías para afrontar la última y durísima subida por la estación de esquí de La Molina hasta el Refugi de Niu de L’Aliga. Mientras subo, alguien me llama y de pronto me encuentro una bonita sorpresa: Eva, una amiga de Instagram, está allí animándome. Nos saludamos (no nos conocíamos en persona hasta este momento) y nos hacemos una foto. ¡Qué subidón! Es increíble lo que anima recibir un poco de calor durante la carrera, acostumbrada como estoy a ir sola.

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Después de una subida criminal, por fin alcanzo el punto cumbre de la carrera, Niu de L’Aliga (km 20) en 3:49, un tiempo que me parece muy bueno para esta distancia y el desnivel que vamos superando. Lo mejor de todo: me encuentro genial, a tope de fuerzas y con muchas ganas de correr. He adelantado a mucha gente en la subida, no sé a cuánta, pero mucha. Después sabría que desde el primer control en Rebost, había ganado 99 posiciones, algo inaudito para mí.

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Procuro parar lo menos posible, lo justo para recargar bidones y comer algo sólido y empiezo el primer descenso fuerte por la estación de esquí. Aquí es donde lo paso peor, definitivamente las bajadas no son lo mío.

En este momento, tengo por delante 22 km y +1000 m. Mentalmente me digo que ahora “solo” tengo que correr esa media maratón y habré llegado a meta. Me encuentro fuerte, apenas me reconozco, jamás me he encontrado así en carrera. Sigo bebiendo y comiendo de manera sistemática, incluso si no tengo hambre ni sed. Sé que esto me ayuda.

Durante el resto de la carrera, voy haciendo la goma con algunos corredores, adelanto en subida, me adelantan en bajada, con algunos de ellos intercambio algunas palabras, nos damos  ánimos, gente maja.

En el km 27, después de una bajada rápida y prolongada, llegamos al avituallamiento de St. Grau donde nos realizan el control de material. Me hacen sacar todo de la mochila y con los nervios algunas cosas se me caen al suelo, qué torpeza la mía… En este punto creo que hubo algunas personas descalificadas por no llevar el material reglamentario, un poco excesivo en mi opinión para la maratón (nos pedían prácticamente lo mismo que a los corredores de la ultra), pero si quieres correr toca acatar las normas y punto. Entiendo que se hace por cuestiones de seguridad y al final, para participar en igualdad de condiciones, todos hemos de cargar el mismo peso. Recojo todo lo más rápido posible y arranco pista abajo por una bajada muy rápida. Estamos descendiendo hacia el Túnel del Cadí, avanzamos un tramo en paralelo a la carretera y de nuevo comenzamos a subir.

En este momento comienza la segunda subida fuerte de la carrera, ascendiendo por una pedrera bastante incómoda, segundo gelecito de cafeína, agua y a bastonear con alegría. El cansancio empieza a aparecer, pero aún me encuentro muy cómoda con el ritmo de subida. Algo más arriba, ya en una zona de bosque y pradera, descubro ante mis ojos el Refugi de Serrat de Les Esposes. Aunque lo dejamos a nuestra izquierda, me alegra mucho reconocer de nuevo la zona por la que vamos, de nuevo bonitos recuerdos de las vacaciones. Esto me anima, aunque también sé que a la derecha nos espera una rampa de las buenas. La recuerdo muy bien…

Al llegar a la zona alta, cogemos un bonito sendero que avanza por el bosque en paralelo a la pista. Por aquí también estuvimos en agosto, qué gozada de camino, me pongo a correr y me encuentro muy a gusto, disfrutando a tope a pesar de llevar ya más de 30 km en las piernas.

En algún momento, después del avituallamiento de Plans en el km 33, tendremos que desviarnos hacia la derecha para iniciar el descenso hacia Bellver. Sin embargo, el avituallamiento no aparece por ninguna parte y empiezo a sospechar que hay un desfase de kilómetros con la distancia real de la carrera. Por fin, llegamos al último avituallamiento, que mi GPS marca como km 36.

Ahora sí comenzamos a descender hacia Bellver, hacia la meta. El primer tramo de pista es rápido y corro con ganas, tengo fuerza en las piernas y me siento eufórica. Estas sensaciones tan buenas son nuevas para mí, miro mi reloj y calculo que puedo llegar en 6:40 aproximadamente, algo fantástico pues mi objetivo era terminar por debajo de 7 horas.

Pero tal como había intuido poco antes, el kilometraje y el perfil de la carrera no se correspondían con la realidad y nos esperaba un buen caramelito. Al llegar al km 42, después de una bajada algo fuerte por bosque con algunos tramos de piedra húmeda y resbaladiza, apretando lo que puedo pensando que ya llego a meta, de pronto me encuentro con que no hay rastro de Bellver. Estamos en un pequeño pueblo donde nos gritan que aún nos quedan 3 km a meta. Miro el perfil del dorsal y algo no me cuadra: ¿dónde están representados esos 3 km en llano? Efectivamente, en ninguna parte. Finalmente, esos 3 km serían 5 y la maratón de 42 km sería de 47, con un llano de 5 km absolutamente infumable entre pistas rurales y tramos de asfalto. Esos últimos kilómetros fueron los peores de toda la carrera, incluso me puse a caminar unos metros, más por enfado que por cansancio. En fin, una tontería, pero a veces la cabeza juega estas malas pasadas.

El último km lo comparto con un corredor con el que charlo un rato, nos animamos el uno al otro, comenzamos a correr otra vez y finalmente entramos juntos en meta. El crono marca 7:13 para 47 km + 2700m. De 600 corredores que tomamos la salida en Bagà y 404 que finalizamos en Bellver, entré en posición 204 de la general, 19 femenina y 14 de mi categoría senior, habiendo ganado 163 posiciones desde el primer punto de control a meta.

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Estoy tan contenta que tengo ganas de llorar, jamás había tenido unas sensaciones como las de hoy en carrera, la sensación de estar dando el máximo y al mismo tiempo poder continuar con fuerza, la sensación de mirar hacia atrás y ver corredores varios km por detrás (esta vez no voy cerrando la carrera ni muchísimo menos), la sensación de tener memorizado cada metro del recorrido, cada momento, cada paisaje… Echo en falta tener aquí a David para darle un abrazo, pero él está librando su propia batalla.

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¡La Ultra! Me hago la foto finisher, estiro un poco, voy a comer algo y miro rápidamente el móvil para saber qué ha pasado en este tiempo. David sigue en carrera aunque con problemas musculares, lo que hace peligrar su objetivo de tiempo, Leire también continua y todo va según lo previsto.

Quiero llegar a Bagà lo antes posible, así que cojo el primer autobús y llego justo a tiempo de ver la entrada en meta de Nuria Picas. ¡Un momento súper emocionante! Esta mujer es simplemente de otro planeta.

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Me reúno con Eneko en nuestro apartamento de Guardiola, donde me doy una ducha y me pone al corriente de todo lo que ha pasado en estas horas. Tenemos que volver a Bagà a esperar a los nuestros, que van a terminar la carrera de noche, pero con muy buenos tiempos.

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David, después de superar sus dolores, finalmente consiguió entrar en meta en 15:48, no pudo lograr el sub15 que era su objetivo pero sí el sub16 que le asegura el cajón para 2015. Aprovecho para hacer una mención especial a nuestro “primo” catalán, el gran Andreu. Otro amigo de Instagram con el que ya hemos coincidido en otra carrera y que es un tío, para decirlo en pocas palabras, de puta madre. Gràcies per la teva ajuda i companyia amb David! 

10703309_776125475766788_764938662_oLeire, hizo su entrada en meta en poco más de 17 horas, como quinta clasificada femenina, lo que le valdría compartir podio con la gran Nuria Picas. Ahí es nada… la de Mamariga no para de darnos alegrías en cada ultra.

10632857_10204846040139570_1334237775046692181_nEn fin, una vez más, una carrera se convierte en la excusa perfecta para pasar un bonito fin de semana entre amigos. Cada uno con su reto, con su lucha personal, en torno a este deporte que tanto llena nuestras vidas.

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Con esta carrera, tan dura pero tan disfrutada, doy por fin la espalda a tantos malos momentos pasados en los últimos meses, recupero la confianza en mí misma y la motivación para seguir soñando nuevos retos.

¡A seguir entrenando duro!

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6 comentarios el “Marató Pirineu

  1. Halfon
    29 septiembre, 2014

    Muchas felicidades por esa carrera, lo importante es que has disfrutado y corrido como esperabas.

    Lo de los cinco kilometros finales por llano y con asfalto desde luego se te han tenido que hacer muy duros, pero en las carreras por montaña hacer una correcta medición es tremendamente dificil, aunque 5 km de mas parecen muchos.

    Felicidades también para el resto de Finishers.

  2. Celina
    29 septiembre, 2014

    ¡Cuanto me alegro! es una prueba durísima. Conocí la zona hace varios años, hicimos todo el recorrido en modalidad senderista en tres días y nos pareció bellísimo aunque muy duro. Sin duda tengo que volver para correr alguna de sus pruebas. Y David, uf,impresionante también! es genial que hayas dejado atrás tantas dificultades y hayas podido disfrutar tanto de esta experiencia!

  3. Yolan de Sope.
    29 septiembre, 2014

    Muchas felicidades Virtxo por ese carrerón espectacular que hiciste. Me alegro mucho por ti. Y también por David, que está hecho un titán. ZORIONAAAAKKKK!!!

  4. Gonzalo
    7 octubre, 2014

    Hola Virtxo:
    muchas zorionak por haber podido terminar la maraton, mas que terminar creo que lo has hecho genial.
    Decirte que me has picado el gusanillo del monte y me he lanzado a correr por el definitivamente, el 27 de septiembre corri 34 km por le monte en Miranda y menuda sensacion.
    Animo y me alegro que por fin hayas solucionado tus problemillas.
    saludos de un bilbaino

    Gonzalo

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Esta entrada fue publicada el 27 septiembre, 2014 por en Carreras, Corriendo en montaña.
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